Rhett Butler

“Francamente querida, me importa un bledo” Una de las mejores frases de cierre de la Historia del cine. Ese momento en que, tras aguantar carros y carretas, aquel caballero sureño, lleno de pasión y energía, que lo ha dado todo por la loca de Escarlata, decide que hasta ahí ha llegado. Y que ya no siente rabia, ni impotencia, ni pena. Que ya le da igual: está más que harto. Que lo que antes era causa de felicidad, que luego pasó a causar dolor, ya no le mueve ni un pelo. Que pasa, que le toca un pie todo el asunto. Que ahí se queda Escarlata y sus desvaríos, Tara, el no pasar hambre y las puñeteras zanahorias. Que emigra, y que le den con Ten a la otra.

Yo hoy tengo un momento Rhett Butler. Es mi ídolo en estos momentos, mi modelo a imitar. Porque francamente querido, me importa un bledo. Porque las disculpas llegan un año tarde. Porque no hay nada que pueda reparar el daño causado. Porque siento lástima de mi santo nombre manchado por tus palabras esparcidas al viento y a quien quiso oírte. Porque me volviste el corazón y la vida del revés con tus idas y vueltas por puro capricho. Porque como amigo tienes un pase pero como amante eres insufrible. Y, sobre todo, porque no hay vuelta atrás. No hay amor, ni cariño, ni respeto ni admiración. No hay nada. Sólo una determinación: tenerte lo más lejos posible.

Así que, querido, cómprate un bosque y piérdete. Porque Rhett se fue. Miriam se ha ido. Y no hay portazo lo suficientemente fuerte que lo exprese.

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