Excusitas

Excusatio non petita, acusatio manifesta, Ximena dixit. Tranquilos, no vuelvo reconvertida en repipi profesora de latín! Es que el sábado tuvimos una interesante puesta en común sobre el mundo de… las excusitas. De los porqué tenemos la necesidad de compulsiva de poner una serie de razones por delante para justificarnos: cosas que sabemos por anticipado que han sido un error/metedura de pata/despiste… y que hay que disfrazar, opacar, envolver, tapar con motivos más o menos loables para, simplemente, aparentar que ese resultado malo o no era tan malo, o era el menos malo. Y que ha sido todo razonablemente pensado para llegar a ese punto. O que somos unas desgraciadas víctimas de las más pavorosas circunstancias (impuestas, aleatorias e injustas, por supuesto)

Pero la realidad es que… nos excusamos muchas veces para quedar bien, para salvar la cara, para dar el pego y que no nos pillen con el carrito del helado. Porque lo que queremos tapar es un desastre como una catedral y ni San Pedro nos salva de quedar como la altura del betún. Vamos, mentira cochina de la más negra. O nos tragamos las excusitas ajenas porque nos duele más asumir la realidad (duro de narices)

El proceso de las excusitas, parte de un principio básico: rechazo de la responsabilidad, siempre. SIEMPRE. Es el ABC de este proceso. Alias “yonotengolaculpa” Y a partir de ahí, podemos empezar a desarrollar la inventiva:

– Menudo atasco que he pillado / menudo accidente, siento llegar tarde: he de reconocer que los tardones como yo nos escondemos cobardemente en estas frases en multitud de ocasiones, con la fútil ilusión de que la otra parte en la conversación (el jefe que nos ha pillado llegando tarde, el amigo/novi@ que lleva 20 mins. esperando en el restaurante y que ha visto que le pasan 2 mesas por delante porque tú no estás) se lo va a creer. La realidad suele ser más bien:

1. Me he dormido.
2. He retrasado el reloj 10 minutos para apurar un poco más en la cama… 2 veces.
3. Por aparecer impresionante me he estado maquillando como una puerta y se me ha hecho tarde (apto para citas o quedadas con amigos)
4. No sabía qué ponerme y he tardado un millón de años en decidirme.
5. Estaba viendo una película súper interesante / partido de fútbol / el Sálvame (inciso: por favor, que alguien me diga dónde firmar para que lo cancelen, gracias) y se me ha ido el santo al cielo.
6. Me he perdido y como soy un macho no pregunto porque me fío de mi atávico instinto de orientación (apartado especial para hombres)

– Se me ha estropeado el ordenador/impresora y no tengo el trabajo/informe listo a tiempo: mentira gorda, grande y peluda. No está hecho, y no hay más que hablar.

– No se me dan bien las relaciones porque he tenido muy mala suerte, me han tocado cabrones/histéricas y por eso soy una histérica fanática del control/un capullo que no se compromete: no no no no. No nos han puesto una pistola en la cabeza para salir con esas personas. El/ella se equivocaron, pero nosotros salimos con ellos, tomamos una mala decisión que fue el principio de un desastre. Toca aprender y apretar los machos, pero nada de niñerías estilo “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” Esa frase sólo queda bien en una canción, y tampoco te creas que a mí me gusta mucho. La culpa no sólo la tienen los otros, leñe.

– No tengo amigas porque he tenido muy mala suerte, sólo he dado con brujas que me han apuñalado por la espalda: típico, más común de lo que pueda parecer. A ver, todos hemos tenido una mala experiencia con amigos que han dejado de serlo, por culpa de uno mismo o de los otros, vale, ok, aceptamos barco como animal acuático. Te puede pasar con algunos… pero no con todos!!!! Tengo observado además que, en el caso de las chicas que dicen eso, suelen ir acompañados de actitudes egocéntricas (dígase, repetir el “yo, mi, me, conmigo” tendiendo a infinito en una conversación) con marcada tendencia al monólogo, ínfulas de líder y en no pocas ocasiones, tonteo con el novio de alguna de ellas. Eso NO facilita que a uno le tengan cariño, la verdad.

– He tenido relaciones complicadas con mis compañeros de trabajo en todas las empresas donde he estado por… (rellenar los motivos que se deseen): los otros son los complicados… o lo soy yo? Si eso se repite mucho, y varias veces, lo mismo llegamos a creérnoslo pero quizá debamos aceptar que todos tenemos un punto chungo, y que lo mismo hay que limarlo un poco para encajar o somos más conflictivos o tenemos peor leche de lo que nos gustaría reconocer. Yo tuve un compañero, llamémoslo X, que fue capaz de currar en una empresa de 20 personas durante 17 años hablándose sólo con el jefe y con el de Administración. Era un tío chungo chungo chungo, pero no le oí excusarse. Sabía que era un borde rencoroso y lo llevaba por bandera, pero por lo menos no le echaba las culpas al resto. Eso sí, era arduo, eh?? Colgaba el teléfono con tal fuerza que rompía uno cada dos meses, y yo estoy segura que a alguno lo tuvieron que desincrustar de la mesa con una palanca.

Como resumen diré que verdades sí, excusitas no. Primero, no darlas: nuestros enemigos no creen nuestras excusas y los amigos no las necesitan.

Y no creernos las nuestras auto inventadas para justificar lo que sea: las cosas suelen ser lo que parecen (“No me llama porque está muy ocupado” – no, no te llama porque no le da la gana y no le interesas, capisci?) y por favor, cambiar lo que toque (nota mental para mañana, Miriam: no atrasar el despertador mañana, sacar la ropa el día de antes… y rezar para que no haya atasco!)

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